Una casa que aprendió a durar.
Nicos abrió sus puertas en Clavería en 1957. Desde entonces, la cocina y el salón han crecido alrededor de una idea sencilla: recibir bien y servir comida reconocible, hecha con oficio.
Clavería, 1957.
María Elena Lugo Zermeño fundó Nicos en una zona de talleres, fábricas y vida de barrio al norte de la Ciudad de México. La casa comenzó pequeña y encontró su lugar entre comensales que volvían por una cocina cercana a la mesa familiar.
Una cocina que pasa de una generación a otra.
Gerardo Vázquez Lugo creció dentro del restaurante y se incorporó como chef. Su trabajo continuó el vínculo con las recetas de casa y amplió la búsqueda en recetarios antiguos, cocinas regionales, ingredientes y temporadas.
La continuidad no borró lo anterior. Le dio método, lenguaje y una nueva manera de compartirlo.

Los recetarios siguen abiertos.
La carta de Nicos se sostiene en cocina mexicana tradicional, sugerencias diarias y festivales dedicados a distintas regiones. Cada receta se vuelve a estudiar para conservar su memoria y servirla en el presente.
El barrio también es parte de la historia.
Clavería no es un telón de fondo. Es la casa de origen, el ritmo del servicio y la relación con generaciones de comensales. Roma abre otra puerta en la ciudad sin desprenderse de esa manera de recibir.
Una trayectoria reconocida.
Nicos ha sido distinguido por la Guía MICHELIN y por Latin America’s 50 Best, que otorgó a María Elena Lugo Zermeño y Gerardo Vázquez Lugo el Lifetime Achievement Award en 2018.
Los reconocimientos cuentan una parte de la historia. La otra se escribe cada día en la cocina y en el salón.
